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Discernir la realidad sociopolítica

Discernir la realidad sociopolítica

“Dar al César lo que es el del César y a Dios lo que es de Dios”

El próximo 25 de octubre, seremos convocados a participar del plebiscito sobre una nueva constitución para Chile. Es un momento histórico en que decidimos acerca de nuestro futuro. No solamente resolvemos si habrá o no una nueva constitución, sino también se decide el modelo de conformación de quiénes participarían en su elaboración. Tendremos que elegir entre la convención mixta y la convención constituyente; la primera está conformada en partes iguales por miembros del actual congreso y otros electos por la ciudadanía; la segunda opción implica que todos los miembros serán electos por la ciudadanía para este fin en particular.

Los partidarios del apruebo consideran que la actual constitución, aunque ha sido reformada, tiene un origen ilegítimo o por lo menos cuestionable y que es la oportunidad que el nuevo marco regulatorio genere mejores condiciones de vida y derechos fundamentales para los chilenos que no están considerados en la actual carta magna.

Los partidarios del rechazo consideran que una nueva constitución no va a asegurar los cambios sociales que espera la ciudadanía. Indican que esas transformaciones dependen de nuevas legislaciones que pueden ser diseñadas y aprobadas en este momento con el acuerdo de todos los sectores. Han afirmado que votarán rechazo para luego reformar la constitución.

Para la doctrina social de la Iglesia, un referéndum es “un instrumento de participación política, con él se realiza una forma directa de elaborar las decisiones políticas. La representación política no excluye, en efecto, que los ciudadanos puedan ser interpelados directamente en las decisiones de mayor importancia para la vida social”. (CDSI 413)

Desde esta mirada, se hace imprescindible que durante este tiempo podamos iniciar un proceso de discernimiento, ejercido en libertad y conciencia, y seriamente informados para tomar la mejor decisión. Un diálogo respetuoso y sincero al interior de nuestras familias y comunidades puede ayudar a concretar una opción.

Es el momento de preguntarnos cuáles deben ser las características de nuestra participación sociopolítica y cómo realizar un buen discernimiento cristiano en un contexto de elecciones; necesitamos asumir una postura que favorezca un mejor desarrollo de nuestra nación y un mayor bienestar para nuestros compatriotas.

Podemos comenzar este discernimiento revisando la conocida escena en donde los fariseos y herodianos, enviados por las autoridades religiosas, se acercan a Jesús para ponerlo a prueba. Los primeros, contrarios a la ocupación romana y al pago de impuestos, los segundos, simpatizantes de Herodes y del imperio romano.

Con una sagaz pregunta lo interrogan sobre si es apropiado pagar o no el impuesto para Roma: “¿es licito pagar impuesto al César o no? (Mc 12, 17).  Si responde que no, Jesús se coloca en contra del imperio romano, dando la razón a la postura de los zelotas que optaban por una revolución armada en contra de la ocupación extranjera; si respondía que sí, expresaba una posición de sumisión al imperio y una actitud en la que favorecía un cierto culto al emperador.

Jesús, inteligentemente, tomando una moneda con la imagen del emperador, responde con una de las frases que ha quedado en la memoria colectiva de la humanidad: “Denle al César lo que es del César”.

A su vez, Jesús, que sabe que tiene sólo a Dios como Padre, les añade una muy seria e importante afirmación: “Denle a Dios lo que es de Dios”. Es decir, reconoce los derechos del emperador, pero deja claro que la soberanía sobre el hombre, imagen de Dios, en última instancia, pertenece a Dios.

                Para Jesús el poder humano sobre el mundo y Dios no están en el mismo nivel, ni están confrontados per se. Dicho de otra manera, el ser humano está llamado a participar en las realidades temporales, pero no puede transformarlas en pseudo-religiones ni planteamientos absolutos. Debe insertarse en la sociedad con un espíritu crítico ante cualquier propuesta política que tienda a la deshumanización de la persona y contradiga el proyecto de reino plasmado en el evangelio.

                Jesús nos enseña que ninguna religión debe pretender reemplazar ni justificar al Estado ni a las ideologías ni a la política. No existe para Jesús una teocracia. Dios no es una alternativa al César. El Señor nos recuerda que ningún poder político puede situarse como una realidad absoluta, exigiendo una ciega subordinación a sus decisiones y planteamientos, convirtiendo al ser humano en un objeto a su servicio. Sólo Dios es el absoluto.

Desde esta perspectiva, la Iglesia invita a todos los cristianos a sentirse comprometidos e identificados con su pueblo, su cultura y sus leyes. Deben sentirse llamados a desarrollar su actividad en la sociedad a la cual pertenecen, para aportar con su trabajo, sus relaciones y sus principios a los procesos históricos encaminados a fortalecer la democracia y la libertad y así, fortalecer el respeto a la dignidad de todo ser humano. Como ciudadanos de un país, poseemos derechos y deberes y debemos asumir las obligaciones conforme a las virtudes de la equidad y de la justicia. (Cf. GS 75)

Para ello, el creyente requiere de un discernimiento permanente para juzgar adecuadamente y decidir el modo de adherirse críticamente a un proyecto político. Por otra parte, ha de gozar de sana libertad para celebrar su fe en Dios, ordenar su vida conforme al espíritu de la Buena Noticia proclamada por Jesús, y darla a conocer a los demás.

Para el Papa Francisco el discernimiento sociopolítico debe basarse en 4 principios básicos que expone en Evangeli Gaudium (EG. 222-237). Francisco nos invita a reconocer que:

- El tiempo es superior al espacio:este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Se requiere la capacidad para soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación.  Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.

- La unidad prevalece sobre el conflicto: El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas. Ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible. Por eso hace falta postular un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida.

- La realidad es más importante que la idea. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma. De ahí que haya que postular un tercer principio: la realidad es superior a la idea. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento.  Hay políticos —e incluso dirigentes religiosos— que se preguntan por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica.

- El todo es superior a la parte. Hace falta prestar atención a lo global para no caer en una mezquindad cotidiana. Al mismo tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra. El todo es más que las partes, y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos.

                Que en este tiempo de discernimiento renovemos nuestra responsabilidad en la vida social y política del país y, en conciencia, decidamos aquella opción a la cual nuestro corazón y nuestra mente se inclinan en bien de todos y, especialmente, de los más humildes y postergados de nuestra sociedad.