"El espíritu de servicio, más que una cualidad, es en él una manera de ser, una actitud constante del don de sí para los demás, sin escatimar jamás sus esfuerzos y sus penas. Se pone al servicio de los demás… por una convicción inspirada en la fe"
Leonard Audet
Carisma es la gracia, un don que otorga Dios a una persona o grupo para que edifique y enriquezca a su Iglesia. Un carisma es un regalo de Dios para todos los hombres, de todos los tiempos y de todos aquellos lugares donde ese don tiene presencia.
Nuestro Carisma viatoriano -que continúa y perpetúa en la historia el don que Dios otorgara al P. Luis Querbes- es el servicio a Dios en dos dimensiones: la educación de la fe (catequesis) y el servicio a la liturgia.
Los Clérigos de San Viator consideramos válido el educar la fe de jóvenes y niños, especialmente de los más necesitados. Queremos hacer nuestra la pedagogía y la forma de ser y actuar de Jesús. Ser victoriano es estar comprometido en el acompañamiento personal y comunitario de hombres y mujeres, sobre todo de jóvenes y de niños.
Somos y nos sentimos Portadores de la Palabra, nuestra misión es darla a conocer, permitir que otros se encuentren con Jesús, el que vive y llama en el Evangelio.
Somos Portadores de la Palabra pues queremos ser instrumentos en las manos de Dios para que muchos hombres y mujeres, de muchos lugares, se acerquen a Él.
Somos servidores del Altar, procuramos embellecer nuestras liturgias para que ellas sean en verdad un encuentro con Cristo resucitado. Queremos celebrar nuestra fe, y que esta celebración sea un acontecimiento significativo en cada uno de quienes celebramos.
Sabemos que una liturgia es signo y reflejo de la vida de la comunidad. Es en ella donde encontramos nuestro alimento y fortaleza.
En la liturgia y en servicio al altar se reúnen la catequesis y la proclamación de la Palabra de Dios.

